martes, 30 de mayo de 2017

Ciencia de Piltdown

Creo que sería una temeridad explicar que es el hombre de Piltdown a gente de la comunidad científica. Sin embargo, como el objetivo de este blog es que cualquiera entienda las locuras de las cuales un servidor se hace eco, procederé a explicar a grandes rasgos que es esto exactamente.

En 1912, un chapuzas arqueológico llamado Charles Dawson, con ganas de notoriedad, procedió a realizar una astuta composición con un cráneo humano y una mandíbula de orangután desfigurada, enarbolandolo como enorme descubrimiento y postulandolo como eslabón perdido. Durante muchos años, este cráneo fue tomado como tal, pero cualquier investigador que quisiese inspeccionar el hallazgo se encontraba con el no como respuesta. Evidentemente, al final se descubrió el timo, y en la retina de todo el mundo quedó la incapacidad de la comunidad científica para haber descubierto este engaño desde el primer momento.

Afortunadamente hoy esto no podría pasar. Tenemos grandes revistas que controlan los hallazgos realmente relevantes, tenemos sistemas de validación de los experimentos y capacidad de replicación de resultados, y hemos creado cepas de especies a la carta para llevarlo a cabo, todo ello recabado bases de datos enormes en las cuales cualquiera puede consultar los pormenores de cualquier investigación.



Y aun así, la realidad es que nos encontramos que las replicaciones de experimentos e investigaciones son escasas y hasta hace cinco días hubo problemas enormes a la hora de realizarse las validaciones (con la colaboración precisamente de esas grandes publicaciones científicas mirando mas el nombre del autor que realmente la forma del artículo) para las contaminaciones de las muestras biológicas, que fueron cerca de generalizadas. A la hora de la verdad, solo hay cerca de unos 3000 artículos retirados (pero que se siguen citando en otros artículos...), cuando los afectados por estos y otros problemas son muchos mas.

La realidad es que la financiación de la ciencia está encontrándose cara a cara con la naturaleza "desinteresada" del conocimiento. Los autores tienen que producir, las revistas ganan prestigio con los nombres interesantes, y estos a su vez con las revistas, todo supeditado a las citas. Se ha creado un ecosistema que pocos cuestionan y que, al fin y al cabo, es el caldo de cultivo perfecto para que se produzcan fraudes. Medios fuera de la comunidad científica se han dado cuenta, en los últimos tiempos he podido leer artículos periodísticos en medios generalistas poniendo el foco sobre las imágenes, interpretación de resultados... y sacando revistas de primer orden a colación.

Esto, sabemos todos los que estamos algo centrados en el tema, pero los consumidores lego en la materia pueden caer en generalizar con la comunidad científica (que ya de por sí tiene enormes problemas para continuar su labor).

Llegados a este punto, creo que es responsabilidad de todos el tomar cartas en el asunto y perseguir sin descanso la mala praxis y aquellos que la amparan, y a su vez darle un mensaje a la población; y es que, a pesar de los problemas que puede haber habido, la mayoría de los investigadores realizan su trabajo de forma casi desinteresada. No podemos permitir que a todos se nos englobe como científicos de Piltdown, pero hay que sacar el valor para decirlo en alto.

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